En el psicoanálisis existe lo que se llama la "sombra" de la personalidad, que correspondería a los rasgos que se ocultan y no se desarrollan (al menos socialmente) creando una máscara para poder desenvolvernos. Todos tendríamos la sombra, y huiríamos de ella, siendo nuestro doble escondido que en conjunto con la máscara formamos el yo. Nuestro ego no puedo existir sin la sombra.
La asunción de la responsabilidad y la madurez, la falta de sinceridad ante los deseos, la necesidad de poseer lo ajeno... la lucha entre lo que quiero ser y lo que finalmente puedo ser. La lucha de todos los días para todos los seres.
Explicarme a mí mismo el desenlace y los procesos era como arrebatarme la diversión. Como la poesía o una película o un dibujo. A veces no queremos que los poetas, los directores o los artistas nos expliquen sus significados sino que lo que hacemos es experimentarlos bajo nuestro propio significado...
El Gonzalo dijo que tenía unas palabras que eran su "máxima". Varias palabras que no quiso contar y no contará jamás, porque "las pueden desvalorizar con sus reacciones... y porque son mías no más". Esos secretos, esas convicciones internas, esos significados supremos ¿Por qué no los tengo? ¿Por qué me siento flotando en nada? ¿Por qué el marxismo, la crítica social, el amor, la entretención, mis sueños, mis objetivos, no significan nada? Pareciera que todo lo concreto en lo que me paraba antes, ahora es polvo. Desde la seguridad con la que camino en la calle, hasta mi gusto por la historia y la pedagogía, mis éxitos y fracasos... son como nada ¿Hace cuánto tiempo que no lloro sin fingir un papel dentro de una vida?
"Brindo por todos mis fracasos y errores, porque las cosas que hecho bien, nadie las recuerda". Decía un meme. Y aunque sea una oración hecha quizás para y por novios resentidos o desempleados, yo la verdad la veo como que el Ying y el Yang son totalmente incompatibles en mi cuerpo y mente, como que no voy a poder nunca aceptarme en mi totalidad y aceptar al resto en su totalidad. No puedo aceptar no saber las palabras del Gonzalo, no puedo aceptar que la Melanie nunca me haya dicho qué le dijo el cura que la marcó por siempre cuando era chica, ni saber quién la tiene más grande, ni que no puedo tomar sin controlarme, ni que no puedo vivir para siempre, ni aceptar que mis rodillas valen pico... ¿Qué pasa Ricardo, por qué no tomas cartas en el asunto y empiezas a solucionar lo que puedes? ¿Por qué no te dejas de obsesionar por cosas estúpidas que a nadie le importan?
Mis sentidos tienen que estar bien. La alienación con el devenir del espacio tiempo sin mi voluntad, en serio que tiene que ser algo que no vuelva a ocurrir. A veces siento que me voy a volver loco e inventar una personalidad externa que me asesinará o me hará caer en la esquizofrenia. Es que yo definitivamente tengo rasgos esquizofrénicos, y no les siento ninguna puta admiración en las películas de mierda que los idealizan. Son unos saco weás. Y en eso no me convertiré.
Nunca me había aceptado tanto a mí mismo. Nunca había visto tan largo el trecho del dicho al hecho. Nunca me había sentido tan vencido. Tan inoperante. Tan pusilánime. La rutina, la rutina, la rutina es el cambio, el camino, la verdad, la transición. Si las teorías de que respirando como enojados nos enojamos y si respirando como tranquilos nos tranquilizamos son ciertas, si actúo como quiero ser me sentiré como quien quiero ser. La madurez, el objetivo de este año, es ésto. Ser quien quiero ser a como de lugar.
Si no puedo ponerle límite a las cosas, simplemente las elimino y las alejo.
"Si no puedess ponerle límites a eso (copete), no puedes ponerle límites a nada. Ni a tu ocio, ni a tus vicios, ni a tu personalidad, ni a nada. Eso es lo que me preocupa."
A mí también me preocupa, a mí también me preocupa...
Espíritu con humor no es estar alegre siempre, es echarlo todo para la risa.
lunes, 18 de enero de 2016
jueves, 14 de enero de 2016
Este es el año de la maduración.
Este año no ha podido partir peor. Con esta semi depresión. La madurez es aceptarse a sí mismo y conseguir los objetivos que uno se proponga, independiente del rango etario y los objetivos sociales impuestos-preconcebidos para cada momento en tu vida.
Este año es el año de ponerle nombre a mis problemas, de enfrentar quién soy, de que no soy un super héroe ni soy super bacán en casi nada y lo más importante, de saber qué me hace mal y qué me hace bien y saber alejarme de lo que me hace mal.
Antes me jactaba de mi fuerza de voluntad. Volveré a jactarme de aquello.
Este año es el año de ponerle nombre a mis problemas, de enfrentar quién soy, de que no soy un super héroe ni soy super bacán en casi nada y lo más importante, de saber qué me hace mal y qué me hace bien y saber alejarme de lo que me hace mal.
Antes me jactaba de mi fuerza de voluntad. Volveré a jactarme de aquello.
martes, 5 de enero de 2016
Mi vida va hacia abajo. No sé madurar.
Estos 24 meses he aprendido que Zeratul está muerto :(, que no me motiva nada el academicismo, que no es malo suicidarse, que me convertí en alcohólico, que no sé guardar secretos y que siempre las cago en mantener a las personas que quiero como a ti Kelly G., que te extraño Caro G. y que me encantaría ser tu amigo, que no tengo ningún talento especial y que si lo tengo no podré desarrollarlo por imbécil y alcohólico, que todas las personas son bacanes menos los especuladores hijos de puta y los que extraen plusvalía, que hay gente mucho más culta que yo que ni siquiera se nota, que la Kerri Perri es insalvablemente miedosa, que hago juicios determinantes sin siquiera determinarme, que me gustaría tenerlo todo y no sé perder nada ni hasta las personas más insignificantes (las miro con deseo, o las miro con ganas de decirles que las quiero o con desdén), que no sé lo que quiero en absolutamente nada en mi vida, y que cada vez, pasando los años, soy una peor persona bajo mis perspectivas universitarias-revolucionarias sin fin anarquista ni comunista y sin fin al fin y al cabo. Desde los 17, siempre he sentido que mi vida va hacia abajo. Desde mis 22, he sentido que perdí el rumbo y que ya no puedo ser peor ni ir hacia abajo si no tengo rumbo. Desde los 25 siento que soy un burgués, que ya no sé soñar y que solo puedo impacientarme y ser ansioso bajo todos los sucesos que me parecen inverosímilmente estúpidos. Ya no creo en mi mismo. Seguramente terminaré solo porque tampoco sé amar. Y no sé si aprenda. En volá tengo la misma puta personalidad narcisista del Yordi. Sol, eres como mi última esperanza, y como tal, estamos destinados a fallar. A veces espero que te vayas a Australia para decir te lo dije. A veces espero que me cagues o que confieses lo que ya hiciste, y me demuestres que la humanidad es una mierda. A veces no te creo nada. A veces simplemente debiese tomar lo que en realidad me ocurre y hacer algo realmente con ello ¿tu primo le hace a la cocaína? ¿Qué onda tu vida, no te cansai weón? ¿de dónde sacai tanta motivación pa weás que ni sabís que van a funcionar? ¿la dura creís que las cosas van a cambiar? Vegano, feminista, anarquista, comunista, volado, curado, mierda de persona... tantas veces en mi mente, dichas por allí y por allá y por acá, ya horadaron mi fuerza... no sé si quiera ni siquiera recuperarme.
martes, 24 de noviembre de 2015
Jamás será un orgullo ser un trabajador ejemplar.
Leí por ahí de unos anarquista en Temuco, que trabajar por obligación siempre será morir un poco día a día. Saludar por obligación, obedecer a personas que tienen menos valor que un perro o que están en la misma vorágine de obligación, apretujarse y angustiarse en la espera del transporte público, ver el sueldo mísero a fin de mes... que todo eso era morir un poco, día a día.
Trabajar es enriquecer a otros dice Bukowski, pero no solo el tiempo y la acción son necesarias, sino también que agradezcas por esa oportunidad, que te comprometas con esa verdad. Sino hasta te pueden llegar a despedir. Y es que trabajar, decía ese mismo comunicado de los anarquistas es perder momentos de amor, de placer, de ocio y creatividad, de olvidar que las mañanas pueden ser distintas. Jamás sería un orgullo ser un trabajador ejemplar*.
"Habilidades blandas" les llaman algunos, otros les llaman "Inteligencia Emocional". Flexible, tolerante, que sepa trabajar en equipo, capacidad de negociación y adaptación al cambio, seguridad personal, optimización del tiempo, responsabilidad, ética profesional, creatividad y hasta espíritu de servicio, son las formas elegantes de llamar a la muerte día a día.
No solo se conforman con tu fuerza de trabajo físico, tu cuerpo ingresado en cierto horario para sacarle el plusvalor como decía Marx. Ahora requieren de ti la fuerza psicológica y emocional. Necesitan informarla bajo los preceptos empresariales desde la más tierna edad.
No vaya a ser que tengamos profesores críticos al sistema que hablen en contra de la Teletón y la Democracia Representativa, arquitectos que se preocupen demasiado de la gente y no de los costos, médicos que no entiendan que los pacientes son muchos y pocos los minutos, oficinistas que se sienten solos por vivir encerrados en un cubículo, obreros que necesiten el saludo del resto, un buen sueldo, trato digno y varios derechos laborales para ser felices.
"El compromiso y su felicidad dependen de usted. Limpie su lugar de trabajo, si faltan materiales arrégleselas; sino le alcanza el sueldo apriétese el cinturón, son tiempos difíciles; si se siente cansado es que está haciendo las cosas mal, preocúpese más por el trabajo, usted puede hacerlo. De usted depende que saquemos esta empresa adelante, confiamos en su capacidad"... sería el "speech", el discurso bonito, preparado desde la "gestión" empresarial. La "administración" era menos eficiente porque solo deseaba el trabajo realizado. Ahora eso no es suficiente.
Trabajamos por objetivos tan válidos como la libertad, la educación de los niños que son el futuro, la eficiencia, la información, la limpieza, la entretención y el respeto de los Derechos Humanos que obviamente nos entregamos felices a estas nobles metas. Para mí son formas elegantes de ocultarnos que esa libertad, esa educación, esa eficiencia, esa información y esa entretención son las formas de cultivar la auto reproducción del sistema, de ver como "natural" lo que se nos está imponiendo, que la coacción y el convencimiento voluntario pasen piolas.
La legitimación solo se da cuando el discurso puede autolegitimarse sin concentrarse en ciertas personas, pues tampoco es un atributo como la riqueza o los bienes. Tiene una extensa forma de gamas, de expresiones. La sociedad panóptica de la supervigilancia. A partir de esto en el funcionamiento del poder, todos somos víctimas y victimarios; una lastimosa situación ambivalente. Quiero viajar pero quiero tener casa. Quiero crear pero me gusta comprar. Escribo en contra del trabajo pero me preocupo porque mañana tendré sueño en el mismo. Mañana el sueño lo intentaré sentir como efectos de la rebelión...
La mejor de las formas de legitimación, dice Foucault, es la educación formal. Ahí estoy. Dócil proviene de la palabra docilis (enseñable). En eso transformo a mis niños día a día. En esa labor me suicidio día a día**.
*Me acuerdo el año pasado cuando dieron premios a los profesores por su trabajo en el año académico. Yo me gané el de hacer clases motivadoras, innovadoras y entretenidas. Me acuerdo había uno por ser comprometido. También me acuerdo de haber suspirado agradecido por no haberme ganado ese último.
** También revivo, me revitalizo y construyo contra golpes. Pero esa es otra entrada.
Trabajar es enriquecer a otros dice Bukowski, pero no solo el tiempo y la acción son necesarias, sino también que agradezcas por esa oportunidad, que te comprometas con esa verdad. Sino hasta te pueden llegar a despedir. Y es que trabajar, decía ese mismo comunicado de los anarquistas es perder momentos de amor, de placer, de ocio y creatividad, de olvidar que las mañanas pueden ser distintas. Jamás sería un orgullo ser un trabajador ejemplar*.
"Habilidades blandas" les llaman algunos, otros les llaman "Inteligencia Emocional". Flexible, tolerante, que sepa trabajar en equipo, capacidad de negociación y adaptación al cambio, seguridad personal, optimización del tiempo, responsabilidad, ética profesional, creatividad y hasta espíritu de servicio, son las formas elegantes de llamar a la muerte día a día.
No solo se conforman con tu fuerza de trabajo físico, tu cuerpo ingresado en cierto horario para sacarle el plusvalor como decía Marx. Ahora requieren de ti la fuerza psicológica y emocional. Necesitan informarla bajo los preceptos empresariales desde la más tierna edad.
No vaya a ser que tengamos profesores críticos al sistema que hablen en contra de la Teletón y la Democracia Representativa, arquitectos que se preocupen demasiado de la gente y no de los costos, médicos que no entiendan que los pacientes son muchos y pocos los minutos, oficinistas que se sienten solos por vivir encerrados en un cubículo, obreros que necesiten el saludo del resto, un buen sueldo, trato digno y varios derechos laborales para ser felices.
"El compromiso y su felicidad dependen de usted. Limpie su lugar de trabajo, si faltan materiales arrégleselas; sino le alcanza el sueldo apriétese el cinturón, son tiempos difíciles; si se siente cansado es que está haciendo las cosas mal, preocúpese más por el trabajo, usted puede hacerlo. De usted depende que saquemos esta empresa adelante, confiamos en su capacidad"... sería el "speech", el discurso bonito, preparado desde la "gestión" empresarial. La "administración" era menos eficiente porque solo deseaba el trabajo realizado. Ahora eso no es suficiente.
Trabajamos por objetivos tan válidos como la libertad, la educación de los niños que son el futuro, la eficiencia, la información, la limpieza, la entretención y el respeto de los Derechos Humanos que obviamente nos entregamos felices a estas nobles metas. Para mí son formas elegantes de ocultarnos que esa libertad, esa educación, esa eficiencia, esa información y esa entretención son las formas de cultivar la auto reproducción del sistema, de ver como "natural" lo que se nos está imponiendo, que la coacción y el convencimiento voluntario pasen piolas.
La legitimación solo se da cuando el discurso puede autolegitimarse sin concentrarse en ciertas personas, pues tampoco es un atributo como la riqueza o los bienes. Tiene una extensa forma de gamas, de expresiones. La sociedad panóptica de la supervigilancia. A partir de esto en el funcionamiento del poder, todos somos víctimas y victimarios; una lastimosa situación ambivalente. Quiero viajar pero quiero tener casa. Quiero crear pero me gusta comprar. Escribo en contra del trabajo pero me preocupo porque mañana tendré sueño en el mismo. Mañana el sueño lo intentaré sentir como efectos de la rebelión...
La mejor de las formas de legitimación, dice Foucault, es la educación formal. Ahí estoy. Dócil proviene de la palabra docilis (enseñable). En eso transformo a mis niños día a día. En esa labor me suicidio día a día**.
*Me acuerdo el año pasado cuando dieron premios a los profesores por su trabajo en el año académico. Yo me gané el de hacer clases motivadoras, innovadoras y entretenidas. Me acuerdo había uno por ser comprometido. También me acuerdo de haber suspirado agradecido por no haberme ganado ese último.
** También revivo, me revitalizo y construyo contra golpes. Pero esa es otra entrada.
domingo, 1 de noviembre de 2015
Defectos.
En un juego de yenga de una "célula cristiana no religiosa", el que perdía tenía que contestar una pregunta del jarrito. La pregunta del papelito decía ¿Cuáles son tus tres mayores defectos?
- Mentiroso. Alcohólico. Soberbio (ególatra, no orgulloso).
Mi seguridad al decirlo fue tal, que no solo quedó en silencio el resto. Sino que yo mismo oí el eco mudo de las miradas rebotando dentro de mi corazón (cliché) ¿Soy así? ¿Realmente soy así? La negativa no vino desde mis entrañas, ni desde mi cerebro y menos de las bocas expectantes esperando soltarse a la matiz de una "sí, fue una broma". De hecho, nunca llegó. Cada vuelta, cada reflexión, cada recuerdo de vida se acoplaba perfectamente al significado de aquellas tres palabras.
Mientras más palpable estuvo para mí el camino rodeado de infierno por el cruzaba y crucé, tuvieron que conformarse con aceptar la distancia impuesta. Sí, soy una mala persona que no tiene miedo de decirlo y, lo mejor, ni siquiera tienen la confianza de que en realidad les importe, de preguntarse si verdaderamente pueden intervenir, de ayudar y demostrar su cristianismo más allá de su propio testimonio. Porque no saben nada. No saben que siendo mentiroso, alcohólico y soberbio se puede vivir más que feliz, sin que nadie se de por enterado y si se enteran, es mejor pedir perdón a pedir permiso, total, ya la hiciste.
¿Y tus virtudes?
Voluntarioso (sí, existe la palabra). Intento de revolucionario.Y sincero.
- Mentiroso. Alcohólico. Soberbio (ególatra, no orgulloso).
Mi seguridad al decirlo fue tal, que no solo quedó en silencio el resto. Sino que yo mismo oí el eco mudo de las miradas rebotando dentro de mi corazón (cliché) ¿Soy así? ¿Realmente soy así? La negativa no vino desde mis entrañas, ni desde mi cerebro y menos de las bocas expectantes esperando soltarse a la matiz de una "sí, fue una broma". De hecho, nunca llegó. Cada vuelta, cada reflexión, cada recuerdo de vida se acoplaba perfectamente al significado de aquellas tres palabras.
Mientras más palpable estuvo para mí el camino rodeado de infierno por el cruzaba y crucé, tuvieron que conformarse con aceptar la distancia impuesta. Sí, soy una mala persona que no tiene miedo de decirlo y, lo mejor, ni siquiera tienen la confianza de que en realidad les importe, de preguntarse si verdaderamente pueden intervenir, de ayudar y demostrar su cristianismo más allá de su propio testimonio. Porque no saben nada. No saben que siendo mentiroso, alcohólico y soberbio se puede vivir más que feliz, sin que nadie se de por enterado y si se enteran, es mejor pedir perdón a pedir permiso, total, ya la hiciste.
¿Y tus virtudes?
Voluntarioso (sí, existe la palabra). Intento de revolucionario.Y sincero.
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